MADRE (Y MAESTRA) DE FAMILIA


2013-07-18-susana-benjamin (2)CHIHUAHUA.- De origen rarámuri y originaria de Cajihuachi, municipio de Guachochi, Susana Luisa Benjamín Espino terminó la secundaria a los 18 años en el Instituto Chihuahuense de Educación para los Adultos (ICHEA) y ahora es asesora voluntaria en un albergue para indígenas en ciudad Jiménez, donde sus papás se convirtieron en sus alumnos, pues estudian ahí la primaria.

Madre desde los 17 años, fue su papá quien la animó a inscribirse en el ICHEA y dar el primer paso para cumplir su sueño de convertirse en maestra de educación indígena “y para que no tenga un trabajo muy pesado”, ya que actualmente es empleada doméstica en Jiménez mientras su hermana cursaba el bachillerato en el CBTis 138 de esa misma ciudad.

De acuerdo con Guadalupe Enríquez, responsable del seguimiento académico de Susana en el ICHEA, las ansias por superarse, su inteligencia y facilidad para relacionarse con los demás, así como el hecho de que siempre porta orgullosa la vestimenta tradicional de la mujer rarámuri, son una característica de la joven.
“Cuando se acercó a nosotros y supimos que tiene una niña, inmediatamente le gestionamos una beca del programa Promajoven,” afirma la técnico docente-.

Este programa apoya con becas económicas a adolescentes embarazadas y madres de familia para que concluyan su educación básica y las otorga la Secretaría de Desarrollo Social federal (SEDESOL) a través de la Secretaría de Educación, Cultura y Deportes (SECyD).

Susana recibió su certificado de secundaria en la misma ceremonia donde su hermana se graduó del CBTis, ante miles de personas en el estadio de beisbol de Jiménez, donde además dio su testimonio de lucha por superarse.

Martín Antonio Valdivia González, director general del ICHEA, señaló que Susana es uno de los muchos ejemplos de superación y voluntad de compartir el aprendizaje de la población rarámuri del estado, y que en el caso de esta joven, la institución le reconoce la férrea decisión por superarse, sorteando todas las dificultades y, ya con la secundaria terminada, cursar un diplomado en Cultura Rarámuri, como un escalón más para convertirse en maestra sin dejar de lado sus obligaciones como asesora voluntaria, trabajadora y madre de familia. (Texto y fotos: ICHEA)

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