ANDANZAS REVOLUCIONARIAS DE JAPONÉS


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A través de una compilación de textos reunidos en un libro, juarenses tuvieron la oportunidad de conocer la vida de Kingo Nonaka, un migrante llegado del Lejano Oriente y que tuvo una activa y destacada participación en la Revolución Mexicana.

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Su hijo Genaro Nonaka García, quien realizó el trabajo de compilación, presentó el volumen la tarde del martes en el Museo de la Revolución en la Frontera (MUREF), a invitación de la Sociedad Paso del Norte por la Cultura de la Historia.

Intitulado Kingo Nonaka. andanzas revolucionarias, este libro permite al lector asomarse a la vida y obra de un japonés que estuvo al lado de personajes como Francisco I. Madero y Pancho Villa. Nunca empuñó las armas, ya que se desempeñaba como enfermero en la atención y cuidado de heridos en batalla.

Y fueron precisamente sus conocimientos de Medicina los que le tocó poner en práctica en la atención a los caudillos (Madero fue el primero, de una herida en el brazo), pero también tuvo la misión  -gracias a sus habilidades de buzo entrenado en la pesca de perlas, en su comunidad natal- de rescatar el cadáver del general Rodolfo Fierro de la Laguna de Guzmán, en Casas Grandes.

Kingo Nonaka estuvo presente en dos batallas con el ejército maderista y en doce con la División del Norte, hasta la disolución de ésta.

A sus 16 años de edad, el futuro revolucionario nacido en Japón había arribado a México poco antes de que estallara la Revolución Mexicana, conjuntamente con otros coterráneos –y chinos también- que habían llegado al estado de Chiapas en una especie de Programa Bracero para trabajar en los campos. Debido a lo duro de la vida allí, muchos optaron por dirigirse hacia el norte, entre ellos Kingo. La travesía constituiría toda una odisea: caminando sobre las vías del ferrocarril.

Las calles de Ciudad Juárez fueron el hogar de Kingo, quien sin hablar ni una palabra de español, hambriento y sucio dormía en una banca de la Plaza de Armas, hasta que una mujer se condolió y se lo llevó a la casa, donde la familia lo adoptó, le dio un techo para vivir, lo introdujo a la fe católica y lo bautizó como José Genaro.

El fragor de la revuelta hizo que el destino de Kingo se uniera al de las fuerzas revolucionarias. Al término, semigró nuevamente (ahora ya con esposa e hijos) a Tijuana, D.F. y Monterrey.

Kingo tuvo la satisfacción –50 años después- de ser reconocido como Veterano de la Revolución por el presidente Gustavo Díaz Ordaz.

El legado de Kingo no se relaciona sólo con las aspiraciones de un pueblo para alcanzar la libertad, sino que como fotógrafo profesional llevó un importante trabajo documental de la vida cotidiana de Tijuana.

Precisamente este legado está siendo redescubierto por los tijuaneses, dijo el historiador José Gabriel Rivera, coordinador del Archivo Histórico de Tijuana y quien acompaña a Genaro Nonaka García en las presentaciones del libro que continuarán esta semana en Ciudad Chihuahua, Casas Grandes, y posteriormente en Torreón y Zacatecas.

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