ESPÍRITU DE UNA PIANISTA EXCEPCIONAL


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Teniendo como marco el majestuoso Teatro Víctor Hugo Rascón Banda, la comunidad fronteriza rindió este sábado un homenaje a Eva María Zuk, pianista nacida en Polonia, formada musicalmente en Venezuela y residente en México hasta su muerte hace dos meses.

Se trató de un concierto-homenaje en el escenario que alguna vez pisó la la maestra Zuk, a cargo de otra talentosa y muy joven pianista: Astrid Morales, doctorante en la Universidad Estatal de Arizona, y quien es testimonio vivo del amor por la música que la maestra Zuk contagiaba a sus pupilos, colegas y público.

El programa musical incluyó piezas de Scarlatti, Schubert en la primera parte, y de Manuel M. Ponce y de Ricardo Castro en la segunda (como Aires nacionales mexicanos, una favorita de la maestra Zuk), cerrando con Estrellita como encore.

El programa de mano incluyó un testimonio de Martha Bátiz (hija de Eva María Zuk):

Quiero agradecer, a nombre mío y de mi hermano, a todas las personas presentes en este homenaje a nuestra madre, la gran pianista Eva María Zuk- Ella vino varias veces a tocar a Ciudad Juárez y disfrutaba mucho estar aquí.

Es difícil escribir acerca de mi madre cuando su muerte es todavía tan reciente. Apenas un par de meses han pasado y no esperábamos que partiera tan pronto, tan súbitamente. Nos tomó a todos por sorpresa. Ella siempre estuvo enamorada de la vida, de su piano, de la belleza y del arte. Era una mujer apasionada, recta, muy trabajadora y disciplinada. Una niña prodigio que creció para ser una artista extraordinaria, completa, de una cultura general y una sensibilidad impresionantes.

Su misión en la vida era conmover a través de la música, quizá porque a ella la conmovían tantas cosas y aseguraba que todo podía decirse sin palabras, a través del arte: la pintura, la música, la escultura, la danza. Nos educó apreciando las artes Y haciéndonos conscientes de la importancia d ela educación y la cultura en la formación humana. Una infancia sin contacto con las artes, con la belleza, con todo eso que hoy en día en nuestro mundo capitalista y consumidor se considera innecesario, dispensable, un adorno, para ella era medular. Porque el arte, la música clásica –decía- eleva el espíritu hacia otras dimensiones, abre la capacidad de soñar, de escapar de la realidad hacia un lugar mejor, de mirar el mundo de forma distinta, más profunda, con mayor entendimiento de la esencia humana.

Qué mejor manera de honrar su memoria que dedicándole un concierto. Muchas gracias a Gonzalo Bravo y a Astrid Morales por organizar esta velada. Gracias a ustedes, la gente que sabe apreciar esta música, por su presencia. Gracias por celebrar la vida de mi madre, una mujer cuyo espíritu debe estar gozando ahora en compañía de los maestros que la formaron, y los compositores que tanto admiró.

Desde donde quiera que esté, espero que esta noche se sienta muy amada, y que su alma reciba el mismo gozo que nos dio a todos en vida cuando la escuchábamos tocar.

Gracias y buenas noches.

  

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