UN CRISTERO EN CADA HIJO TE DIO…


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En una temporada -la navideña- saturada de narrativas en las cuales el mal es -invariablemente- vencido por el bien, se nos presenta el reverso de la medalla en un relato que rescata uno de los episodios menos conocidos -y comprendidos- de la Historia Nacional. La Cristiada.

Y es la pluma de Pilo Galindo (o más bien su destartalada máquina de escribir mecánica), la encargada de la narrativa destinada a los escenarios teatrales bajo el título Acitrón de un fandango / La historia de una infamia, bajo la dirección del propio autor y la participación del elenco de la compañía 1939 Teatro Norte.

La obra toma el título de una de las rondas infantiles, que todos reconocemos inmediatamente.

La trama es relatada en un acto único con varias escenas que se suceden vertiginosamente: los cambios a la escenografía son sustituidos por un ingenioso diseño de luces; con mínimos cambios de vestuario, uno de los actores representa a tres personajes, y lo rústico de las tarimas utilizadas como elementos escénicos abona a la atmósfera del México rural en el que se desarrolla la historia.

El personaje (colectivo) central de la historia son los jovencitos (todavía niños, la mayoría) que serán empujados por su catequista a tomar las armas en defensa de la fe, ante el inminente arribo de las fuerzas militares con la encomienda de la aplicación de la denominada Ley Calles, que limitaba el culto católico en todo el territorio nacional.

Lo que a primera vista era un acto de fanatismo -de la catequista- habría de verse justificado cuando los militares empiezan a masacrar niños (uno de ellos por no acceder a quitarse del pecho un escapulario). El cura del pueblo intenta, sin éxito, que todos huyan por sus vidas, pero el mayor de los niños reclama:

-Somos muy jóvenes para matar… ¿Pero no para que nos maten?

La suerte está echada. Ellos serán los primeros mártires de la Cristiada, al quedar en medio de los reales actores de esta confrontación: el gobierno y la Iglesia. La escena final da cuenta de la infamia.

Pletórica de símbolos, esta historia nos transporta al pasado, pero también al presente y futuro de un Estado involucrado en una interminable guerra contra el narco y que se apresta a poner en práctica la recientemente aprobada Ley de Seguridad Interior, ampliamente cuestionada dentro y fuera del país.

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