UBER A LA MEXICANA


El paso por la frontera del huracán Sergio, el pasado fin de semana, ya es historia, pero sus efectos hicieron aflorar nuevamente el ingenio del mexicano.

Mientras la mayor parte de la ciudad paralizaba sus actividades, en el centro histórico que era una laguna, tres hombres ofrecían sus servicios para pasar a las personas de un lado al otro de la calle Mina convertida en un caudaloso arroyo.

A cambio de una propina -de cualquier cantidad- quienes no querían mojarse los pies podían abordar un remolque de carga jalado por cualquiera de esos tres serviciales señores.

Con capacidad para hasta cinco personas, cada remolque hacía viajes en uno y otro sentidos en forma continua, pues al ser viernes el tránsito de personas era constante.

La calle Mina, que divide las zonas de mercados y de segundas, es un arroyo vivo que baja del poniente en cada tormenta.

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