BEYOND THE NUTCRACKER


Para algunos fue una noche de reencuentro, pero para muchos otros lo fue de descubrimiento y  rendición ante el sublime arte de la música.

Intitulado simplemente «Tchaikovsky«, fue el concierto final de temporada de una consolidada orquesta filarmónica (la OFECH), con un apasionado director en la batuta (Iván del Prado) y contando con un excepcional invitado (Jorge Luis Prats) interpretando en el piano al más universal de los compositores rusos.

Fueron dos horas intensas, vividas en el majestuoso Teatro Víctor Hugo Rascón Banda del Centro Cultural Paso del Norte. La víspera, el concierto había tenido como escenario el Teatro de los Héroes de la ciudad de Chihuahua.

El programa musical consistió de tres obras, dos de ellas interpretadas por la OFECH. Entre ambas se dio la participación del pianista solista invitado.

Las obras en cuestión fueron, en el orden arriba indicado: Marcha Eslava en Si Bemol mayor, Op. 31, Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36 y Concierto para piano No.1 Si Bemol menor, Op. 23, las dos primeras fácilmente reconocidas por el público, pues las hemos escuchado toda la vida en películas, documentales, series, etc.

Para tener una idea -somera, al menos- de la experiencia de este concierto, es necesario tomar en cuenta que la música de Tchaikovsky, compositor más conocido por el ballet -como El cascanueces– pero con obra grandiosa en sinfonía y ópera, «vehicula sin reservas sus efusiones líricas, emotivas, melancólicas, soñadoras, desbordantes o intimistas, todo llevado al límite… Su orquestación ofrece sonidos originales en cada cambio de textura».

Fue necesario contar con una orquesta «agrandada» (notablemente, en la sección de viento metal), por las características de la obra a ser interpretada, y que produjo como resultado un vibrante concierto, muy alejado de lo que en el imaginario colectivo es la música clásica: aburrida a morir.

Y qué decir del pianista invitado: un fuera de serie cuyas ágiles manos sobre las teclas del piano fueron el centro de atención del público, extasiado como pocas veces se ha percibido en el recinto fronterizo. Por cierto, prácticamente nadie se movió de su asiento, excepto durante el obligado intermedio.

Con este programa, la Filarmónica del Estado de Chihuahua y su director Iván del Prado cumplieron con creces la promesa anunciada durante las tres llamadas a escena: «Una experiencia que te cambiará la vida«.

A no dudarlo, para muchos lo fue.

(Fotos: Asociación Filarmónica de Chihuahua)

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