Por José Vicente Anaya
El poeta Ruben Macias Esparza en este libro que titula En algún muelle, demuestra que es sabedor de una intensa sustancia poética. Y, sobre todo, su poetizar sucede al calor de la vida presente, la vida real, con esto quiero decir no-ficticia, no es la típica poesía en boga que se hace con un lenguaje abstracto y nadie sabe (ni su autor) lo que quiere decir. Las intensidades de En algún muelle alcanzan más intensidad. Rubén es un joven poeta que se atreve a vivir en el centro de las contradicciones de la actualidad, en este mundo que el filósofo Herbert Marcuse caracterizó como deviniendo entre los opuestos que permanentemente luchan: Eros (amor, vida, gozo, sexualidad) versus Tánatos (muerte, odio, desamor, tortura).
En tres versos contundentes, Rubén dice: «Amanecí con las manos ensangrentadas / el rencor entre los dientes / la puerta abierta al suicidio». Antes, el poeta cita en epígrafe a Friedich Nietzsche: «La idea del suicidio es un gran consuelo / ayuda a soportar muchas malas noches». Subrayo que Nietzsche habla de la «idea del suicidio», es decir, no su realización; es pensarse en el límite entre la vida y la muerte. Y, ¿cómo no situarse en ese límite cuando se vive en un lugar con mucha violencia como Ciudad Juárez? Este joven poeta me recuerda al joven Paul Nizan con sus primeras palabras en su libro Adén Arabia: «Tenía yo veinte años, y no permitiré que nadie diga que esa es la edad más hermosa de la vida».
Ante la negatividad, sin embargo, está la esperanza que propone Eros; ya lo decía Albert Camus: «Un hombre que dice no, es un hombre que dice sí».
Rubén logra un estado poético excelente porque para él los sueños son realidades, y realidades que se hacen sueños, en este tiempo que creemos vivir. La crítica de los criticable en la sociedad es mucha, y puede conducir a un nihilismo que lleva a lo positivo. Rubén dice: «Brindo por la nada / para sentir la perfección / de un otoño que no regresa». Y es así que «los libros ocultos (como éste que ahora desocultamos) se escriben con sangre».
Los verdaderos poetas saben ver («miran con los ojos de los ángeles», dice William Carlos William) detrás de la aparente realidad; así Rubén Macías un día encuentra que «el amanecer (amanecer es nuevo día: renacimiento) cuelga en los ojos de los pájaros». Y para arribar al gozo, Eros, el amor, hace guiños: «el sol de la noche hace brillar a las mujeres». Y después: «ella comienza a ver su rostro cayendo en mis manos».
Esto y mucho más hay en la poesía de Rubén Macías. Para él mi abrazo fraterno, mi felicitación por traer este libro para que sus lectores también se reflejen en sus poemas. (Texto: prólogo del libro; foto de portada: Rolando Vivas)
